sábado, 14 de febrero de 2015

La clave del entendimiento está en mirar con ojos nuevos.

Y que parece el comienzo de una novela cursilona para adolescentes más propia de Blue Jeans que de mi vida real, pero pasó y desde hacía tiempo necesitaba que algo así pasara. Porque todos necesitamos alguna que otra tontería que nos alegre el día de vez en cuando. Dicho ésto dejo de dispersarme y comienzo con mi historia:

"Érase una vez un fin de semana de enero, iba yo hacia mercadona a comprar algo para comer. Tercer fin de semana consecutivo que mis padres pasaban el fin de semana fuera de casa, cosa de que seamos mayores, o simplemente de que últimamente en mi familia no podemos pasar tanto tiempo juntos y lo evitamos escapando los unos de los otros, En fin, Prosigamos.
Era un día soleado, aunque hacía frío era agradable estar fuera. Yo llevaba unos vaqueros, mi abrigo nuevo y el gorro rojo del pompón que tanto me gusta y utilizo últimamente.
Tenía que ir a comprar, ya ni me acuerdo del qué, porque acabé comprando de todo menos de lo  que necesitaba, como siempre. Jamás se me dio bien hacer dieta, las chuches me pueden.
El día estaba más bonito de lo normal, no sólo hacía sol, sino que éste brillaba con otra intensidad, o a lo mejor es que el estar encerrada en tu casa tanto tiempo hace que lo aprecies mejor cuando sales al exterior, sea lo que fuere, nada más salir, me invadió una felicidad que hacía tiempo que no experimentaba.
Entré y compré mi sarta de gominolas y comida basura que no ayudarían para nada a mi operación bikini, pero sí a mi motivación en el estudio, lo cual prevalece sobre todo lo demás, por muy triste que parezca, no lo es tanto.
Estaba en la cola para que me cobrasen, había una cantidad ingente de gente, hasta que abrieron otra fila, después de haberme llevado esperando unos 10 minutos a que me atendieran. Abrieron otra caja, así que me dirigí hacia la caja adyacente, ni siquiera me dí cuenta de quién iba detrás mía hasta que al colocar mis cosas sobre la cinta, percibí un atisbo de risa detrás mía, me giré y vi a un chico, de unos veinti pico años detrás. No era especialmente guapo, para ser sinceros no recuerdo demasiado bien su cara, lo que sí recuerdo son sus ojos. En mi vida nadie me había mirado con la seguridad y la picardía con la que él lo hizo, Mi cuerpo entero tembló.
Como siempre, yo no supe decir nada mejor que: "es la dieta del estudiante". Menuda gilipollas. No podía haber quedado peor, y lo supe en el instante que lo dije. Mi sopresa fue su respuesta, una muy bonita sonrisa y un "me encantas". En shock me quedé, ¿quién le dice ese tipo de cosas a una desconocida?
Tras ésto la cajera interrumpió ese intensísimo cruce de miradas y me dijo que mi compra eran 7,53 euros. Sí, es ridículo que me acuerde de ese detalle y no logre componer su cara, pero es que sus ojos me hipnotizaron y realmente no vi más allá.
Tras pagar, salí despavorida y sin mirar atrás. Una vez fuera le eché una última mirada por la cristalera, la cual él me devolvió y así sin más, ese extraño hizo mi día y el sol se veía aún más bonito. Ahora, cada vez que voy a mercadona, espero como una idiota encontrarlo otra vez, porque nunca unos ojos me habían hecho darle tantas vueltas a algo, ni un cruce de miradas me habían iluminado tanto el día como aquellos.