domingo, 5 de mayo de 2013

Autoretrato.

Siempre fui esa chica pasota y fuerte, la de las ideas fijas y claras, esa chica que no se deja pisotear y a la que le resbalan los comentarios de la gente. Ese metro sesenta de puro carácter, esa persona a la que tanto cuesta querer, la que todos creen que ni siente ni padece, la que habla borde y se esconde tras esa coraza que ha llevado forjando desde hace ya ni sabe cuánto tiempo. La que se encierra en los libros para vivir y a la que nadie quiere conocer a fondo, la que va de fuerte y se asusta cada noche de ver lo que tiene metido dentro de su cabeza, la que se enfrenta cada día al despertarse por las mañanas a su pesadilla y la que aguanta con los temores y empuja hacia afuera del abismo a todos lo que la rodean, esa chica incapaz de aceptarse a sí misma, esa que se critica el doble de lo que la critican, esa chica que adora la soledad y anhela el encerrarse en su habitación a escribir y liberarse de sus pesadillas. Soy esa persona que no soporta que la toquen y a la que abrazar a alguien le parece una tortura, la que se agobia con nada y que tiene mil y una manías, esa persona que necesita controlar cada centímetro de su vida las 24 horas del día, perfeccionista hasta el extremo de resultar insoportable y extremista en tantas cosas que no merece la pena mencionarlas, temeraria y aventurera, esa persona que necesita ir en el sentido opuesto a todo el mundo, la que no acepta órdenes, pero le encanta darlas, esa persona nada influenciable y tan sincera que repele, esa a la que todos olvidan, y a la que pocos consiguen soportar, una persona difícil que da más problemas que alegrías, la que hace lo que quiere y cuando quiere, esa persona a la que no puedes llevar la contraria. Esa chica que tiene un vínculo con las estrellas, y sus mejores noches se las regala a la luna, la que sueña con dragones y lleva el fuego metido en vena. Fiel a mí misma, esa soy yo.