sábado, 27 de octubre de 2012

Capítulo 2.

'Ha pasado, tenemos que hablar'. Creo que jamás había sentido esa sensación, mitad de miedo, intriga y desesperación. Mi cabeza estaba hecha un lío, me puse en lo peor, pero no podía ser es imposible que hubiera pasado eso. De repente empecé a marearme y caí desplomada por segunda vez al suelo, esta vez tuve más suerte, y al estar en el hospital, ese chico misterioso que por segunda vez me salvó, pudo llamar rápidamente a los médicos. Me desperté a las 4 horas, y para entonces mi madre ya estaba allí. Cuando abrí los ojos los vi, a mi madre y al chico misterioso hablando, -¿que hace aquí todavía? Me pregunté. Bueno, supongo que a mi madre no le viene mal la compañía en el hospital y no estaba en condiciones de reprocharle nada a ese chico, me había salvado no sólo una, sino dos veces la vida. Estaba exhausta, lo cual me parecía extraño debido a que llevaba 3 días en una cama durmiendo. La última caída fue más grave, al desmayarme, caí y me di con el pico de la mesilla, por lo que tenía una brecha en la cabeza, de ahí ese dolor, era como si miles de duendecillos me estuvieran perforando el cráneo. Después de unos minutos de meditación, me decidía hablar. -Buenos días -Dije. Mi madre se acercó rápidamente hacia mí, me cogió la mano y me miró con esa expresión dulce y amarga a la vez. Vi en sus ojos el cansancio, seguramente ayer trabajaría hasta tarde y esta noche no habría podido pegar ojo. En ese instante me sentí una egoísta, por hacer sufrir a mi madre de esa manera. Mi madre adivinó lo mal que me sentía por dentro. -Sara, no te tortures, nada ha sido culpa tuya, pero de momento debes permanecer en el hospital. Hoy van a hacerte una pruebas para ver qué es lo que tienes. Es algo rutinario, tranquila, es sólo para averiguar el motivo de que hayas pedido 2 veces el conocimiento en tan poco tiempo. Ahora tengo que irme a trabajar, pero vendré a la hora de almorzar en cuanto salga. No te preocupes cariño. La verdad es que la simple idea de que me hicieran pruebas ya era algo que me asustaba, pero decidí no dejar entrever mi miedo para no preocupar más a mi madre. -No pasa nada mamá, vete tranquila, yo estaré bien. -Contesté. Y con una sonrisa despedí a mi madre. Al sonreír me tiraron los puntos, pero mereció la pena con tal de darle un poco de alegría a su día. Cando mi madre se fue me quedé a solas con el chico misterioso, era la primera vez que podía hablar con él, y aunque eso de ser simpática no era mi fuerte, creo que debía empezar la conversación agradeciéndole lo que había hecho. -Oye, muchas gracias por lo de éstos días, en serio, no tenías porqué hacerlo. Prácticamente me has salvado la vida 2 veces y bueno, has hecho compañía a mi madre éstos días, lo cual es algo que aprecio mucho. -Dije. Sonrió, y me miró con una expresión que no sé muy bien como calificar. -No hay porqué dar las gracias, ha sido un placer, y es lo mínimo que podía hacer. -Me dijo sin perder la sonrisa. La verdad es que parecía un buen chico. -¿Cómo te llamas? -Pregunté. Me sentí estúpida, ese chico llevaba cuidando de mí 3 días y yo ni siquiera sabía su nombre. -Dani, me llamo Daniel. -Contestó, esbozando una sonrisa que le hacía aún más guapo. A los pocos segundos entró la enfermera para llevarme a hacer las pruebas. Al intentar incorporarme me dí cuenta de que las piernas no me respondían, lo intenté con todas mis ganas, pero no hubo respuesta alguna. Empecé a llorar, y a los pocos segundos llegó un equipo médico para examinarme, yo no podía parar de llorar, y antes de que los médicos me llevaran a hacerme las pruebas correspondientes, Dani se acercó a mi camilla, me dio un beso e la frente y me susurró: -Tranquila, eres fuerte y estás en buenas manos, deja de llorar yo estoy aquí. No te preocupes de nada.

viernes, 26 de octubre de 2012

El poder es tuyo.

"No puedo más" eso es lo que me repite mi corazón todos los días, mientras mi cabeza le susurra cada vez con menos ánimos un "no podemos dejar de intentarlo". Antes pensaba que me hundía con demasiada facilidad, por eso empecé a ser cada vez más fuerte, con menos sentimientos, intentando pensar menos en mí y más en los demás, y lo conseguí, claro que lo hice, pero tuvo demasiados efectos secundarios que no me planteé en su momento. Mi corazón ya no sentía pena ni alegría, amor ni desamor, no sentía nada, absolutamente nada. Dejé de confiar en las personas por miedo a que me hicieran daño, me convertí en la persona fría que soy ahora, en esa persona que no le gusta el contacto, en esa persona que no quiere sentir a la gente, que no quiere querer, ni mostrar al mundo que pasa en su interior. Esa fuerza que muestro por fuera, esa coraza, y ese aspecto de dura es justo lo que necesito por dentro, eso de sentirme segura de mí misma, de aceptarme con mis virtudes y mis defectos y de por un momento estar orgullosa de mí misma y de lo que hago. Nunca he sido una persona conformista, pero creo que llega un momento en tu vida en el que, más que conformarte con como eres, tienes que valorarte a la alta, y ver que el simple hecho de que seas distinto a la gente que te rodea ya es una buena señal. Nunca te subestimes, puedes llegar a dónde quieras. Convéncete de que no te puedes permitir tener miedo, ya es una de las cosas más peligrosas que existen, es algo que puede condicionar nuestra vida y que nos controla y manipula como quiere, y no puedes dejar que eso pase, el control de tu vida lo tienes tú y nadie más. Ama y se amado, ríe y haz reír, llora, salta, grita, corre, haz locuras, vive, al fin y al cabo es para lo que estamos aquí.